Las primeras manifestaciones documentadas de manejo biotecnológico se remontan a los años 8000 a. C.; es decir, a partir del descubrimiento fortuito del proceso de fermentación por la civilización egipcia, al producir alimentos como el vino y el queso, pero fue hasta la Segunda Guerra Mundial que, en Alemania, se estudió a detalle este proceso en la producción de cerveza, cuando se logró controlar la fermentación a grande escala. Al poco tiempo, el proceso de fermentación tuvo un gran impacto en la medicina al usarse exitosamente para producir masivamente la penicilina, llamada también medicina del milagro por ser el primer antibiótico descubierto (figura 2a).
Los años 1953 y 1973 fueron claves para la biotecnología, cuando ocurrieron dos grandes descubrimientos: Watson y Crick caracterizaron la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN), molécula que contiene toda la información en código capaz de producir un ser vivo (figura 2b); veinte años después, Cohen y Boyer inventaron la técnica del ADN recombinante, la cual permite intercambiar pedazos de ADN entre distintos organismos. Estos descubrimientos dan vida a la ingeniería genética y, como consecuencia, aparece un gran optimismo alrededor de la biotecnología, surgiendo así, dentro de la comunidad científica, tres ambiciosos objetivos que han sido la columna vertebral de la intensa investigación en biotecnología de los últimos 35 años:4
» Producir medicamentos mediante la utilización de microorganismos recombinantes (organismos con injertos de información genética de distintos organismos).
» Curar enfermedades genéticas, parchando el ADN defectuoso de pacientes.
» Desarrollar y diseñar sistemas vivos que ejecuten una función deseada.